ACERCA DE LAS PRECAUCIONES A TOMAR ANTES DE REALIZAR UN VIAJE AL HIMALAYA
December 19th, 2007Una de mis mayores obsesiones es emprender un largo viaje hacia Nepal,
la India o el Tíbet. Desde hace cinco años dedico gran parte de mi tiempo a la investigación sobre la milenaria religión budista. He devorado decenas de libros sobre el tema, comprendo a cabalidad las enseñanzas del Sutra de diamante y del corazón; la meditación se encuentra entre mis actividades cotidianas y mi espíritu nunca antes se sintió tan libre. Por estas razones siento la necesidad de probar mis límites y realizar un viaje a esas tierras místicas donde escalaré uno de los montes más altos llevando tan solo un equipo de alpinismo, una carpa y las provisiones justas.
No se trata de una decisión apresurada. La idea tiene, por lo menos, tres meses dando vueltas en mi cabeza. Estoy consciente de los riesgos que esta expedición implica puesto que he consultado con mi hermano, un temerario que ha escalado el Annapurna II, uno de los picos más altos de la cordillera Himalaya, media docena de veces. Me contacté con mi hermano Gabriel por medio del correo electrónico y me contó, con lujo de detalles, una de las experiencias más aterradoras que ha tenido en su vida. Aparentemente su intención era la de persuadirme para renunciar a mis intenciones de viajar, sin embargo, no lo logró.
El escenario de su desdicha fue el Lothse, la cuarta montaña más alta del mundo perteneciente a la cordillera Himalaya. Este pico se encuentra al lado derecho del más alto del mundo y, según Gabriel, cuando se llega a la cima se tiene que levantar mucho la mirada para ver, aún con dificultad, la punta del Everest.
El accidente ocurrió un día jueves. Gabo y dos compañeros más llegaron muy temprano a las faldas del Lothse, bien equipados y con la adrenalina al máximo. Al principio el ascenso parecía bastante rutinario pero, unos cientos de metros arriba, la nieve lucía muy fresca y ligera. Ante estas condiciones de terreno Gabriel lo pensó dos veces, sin embargo, su instinto aventurero lo incitó a continuar. La nieve primero cubría un poco más arriba de los tobillos y luego llegó a las rodillas, esto no fue impedimento para continuar con su camino, siguió avanzando y, pasada media hora, escuchó un ruido sordo que le hizo helar la sangre.
Al levantar la mirada notó con desesperanza como una grieta se hacia más grande a lo largo de la superficie blanca. Al comienzo, todo parecía ir en cámara lenta pero después notó como se desprendía una plancha de nieve aterciopelada de más o menos un metro de espesor y lo peor era que se aproximaba a él a una velocidad cada vez más alta. El borde del bloque impactó contra su pecho y lo sepultó por un par de segundos pero milagrosamente la misma fuerza lo desenterró. Una vez en la superficie instintivamente clavó su picó y las espuelas de sus botas contra el suelo para evitar que el peso de sus compañeros, que estaban amarrados a el, lo arrojará a un precipicio de casi sesenta metros de profundidad. Poco tiempo después el peligro terminó, entonces sin dudarlo, emprendió el camino de regreso.
Creo que el testimonio de mi hermano es más que suficiente para que cualquier aventurero se eche para atrás. Por mi parte sigo firme en mi decisión de viajar, solo que tendré mucho más cuidado. En realidad, realizar esta hazaña no me costará mucho, solo basta con contactar alguna agencia de viajes o encontrar algún vuelo barato, llevar un dinero extra en caso necesite hospedarme en algún hotel y mucho, pero mucho coraje.