CUATRO JÓVENES DE VIAJE
November 7th, 2007Hace algunos años, un grupo de amigos y yo nos decidimos a realizar un pequeño viaje por la costa de nuestro país, decidimos que partiríamos de la casa de Sergio, uno de mis amigos, en la playa Pulpos, de allí continuaríamos hacia el sur hasta donde el dinero y las fuerzas nos alcancen.
Cuando somos jóvenes, pensamos que somos dueños del mundo, en sí, se pueden presentar muchos obstáculos, pero igualmente creemos que podemos ir más allá de eso. Bajo esa premisa discurrió nuestro viaje, siempre consideramos que podíamos ser dueños de nuestro destino, así que sin mucho dinero emprendimos el viaje.
En ese tiempo, ninguno de nosotros trabajaba, simplemente éramos alumnos de la universidad, con muchas ganas de terminar la carrera por cierto, pero nada más, nuestros recursos eran pocos, pero asimismo, confiábamos que todo iba a salir bien.
Para este viaje seleccionamos algunos aditamentos esenciales como carpas, una pequeña cocina que Alexis le pidió prestada a su tío, mucha agua, y una súper linterna a batería, con la cual podríamos acampar sin los problemas que trae consigo la oscuridad.
Recuerdo que acampamos en una playa en la que no había nadie, allí pasamos la noche, esa playa se llamaba león dormido, en alusión a una inmensa formación rocosa que tiene forma de un león echado. En la noche, preparamos atún con galletas, calentamos agua y jugamos un rato antes de dormir, además Sergio había llevado una radio, con la cual escuchábamos las emisoras que captaba y luego nos dispusimos a dormir, las mujeres por un lado, es decir Luciana y yo, y Sergio y Alexis en la otra carpa.
Nos despedimos e ingresamos a dormir, como estábamos muy cansados, el sueño nos atrapó rápidamente y nadie se dio cuenta de nada hasta que en un momento, yo me desperté y sentí una sensación mojada en mi espalda, luego desperté bien y pude ver que todo nuestro alrededor se encontraba con agua, era el mar, el cual nos había jugado una mala pasada y ahora también nos había dejado sin ropa seca.
Avise lo más rápido que pude a mis amigos y todos salimos disparados esperando poder recuperar nuestras cosas, antes de que se las lleve el mar para siempre. Me acuerdo que cuando pasó el susto, todos nos echamos a reír incontrolablemente, no podíamos creer lo que había pasado, simplemente fue muy extraño, después de eso, nos regresamos a la casa de Sergio, era demasiado para nosotros, había superado todo lo que habíamos podido prever, sin embargo, guardo uno de los mejores recuerdos con ese viaje.