SEMANITA EN CHIPRE SEGUNDA PARTE
August 21st, 2007Al fin. El viaje hasta Chipre se había materializado luego de varios años. Venía de un mes bastante recargado básicamente porque justo el viaje vino a coincidir con mi mudanza, situación por demás pesada para cualquiera que la haya hecho alguna vez. Sin embargo no pensaba desaprovechar mi período de vacaciones y decidí lanzarme solo a la conquista de Chipre. Una vez allí me topé con una ciudad bastante moderna y lujosa al más puro estilo de la serie de los ochentas Miami Vice. Mi hotel elegido no fue la excepción y sus instalaciones eran esencialmente lujosas, sin nada que envidiar a un cinco estrellas de las principales ciudades del mundo. Mi ingreso y registro en dicho hotel por otra parte, había sido poco menos que anormal ya que tuve que hacer el ridículo de creer que había perdido mi maletín de mano en el taxi que instantes antes me había dejado en las puertas del hotel. No sucedió así y tuve que encajar la vergüenza. Ya con los ánimos recompuestos pero aun fatigados por el viaje decidí no salir esa noche desobedeciendo las recomendaciones de amistades que habían pasado antes vacaciones en Chipre y que me habían advertido que la diversión no conocía de cansancios ni de pausas. Más pudo mi cansancio y me retiré a mis habitaciones. El elevador me esperaba con el equipaje listo para subir y hasta allí me dirigí para ascender hasta el piso número cuatro. Ahí se abrieron las puertas del elevador y fui guiado hasta mi habitación por un solícito botones quien se encargo de cargar mis maletas y mostrarme el lugar que había reservado. Era el número 414. El botones dejó mis maletas en la entrada del cuarto, le agradecí y le di una propina acostumbrada, él por su parte se puso a mis órdenes para cualquier cosa que necesitase y al despedirse me preguntó si deseaba algo más. La verdad era que en esos momentos lo único que necesitaba era descansar pero, bromista como siempre, le dije que deseaba ser atendido al día siguiente por una hermosa dama que me sirviera el café y me trajera el diario. El joven sonrió, aceptando la broma, y se retiró.
Y pase al cuarto cargando esta vez yo las maletas. Debí haberle dado más propina pensé, la verdad es que el equipaje estaba bastante pesado. Así avancé, con la cabeza gacha y a duras penas pude depositar el equipaje en medio del cuarto. Cuando levanté la cabeza ante mi apreció una hermosa habitación de considerables dimensiones, tan grande como mi sorpresa por el precio que había pagado. Quizá se equivocaron pensé y me dieron la suite presidencial, pero no, era el 414, una habitación más. Las paredes eran de un tono celeste muy relajante y el piso estaba alfombrado íntegramente con un tapiz de color azul oscuro. A mi izquierda aparecía una puerta practicada en madera blanca que conducía hasta el baño, a su costado y con puerta igualmente blanca se abría un closet con cajones en la parte baja y un sujetador de zapatos. Frente a ambas puertas un enorme espejo en forma de elipse reposaba sobre un trozo de mármol empotrado en la pared y que a su vez servía de base para unas exóticas velas. Más adelante la habitación se abría y por derecha figuraba una cama de amplias dimensiones cubierta de un edredón con un color a medio caballo entre las tonalidades de las paredes y el tapiz del piso. A ambos lados se levantaban tímidamente dos mesitas de noche con sus respectivas lámparas. Frente a la cama un sofá para tres personas tapizado con el mismo color del edredón que recubría su vecina se recargaba sobre la pared y la habitación moría en un marco de dos metros de alto por tres metros de ancho que desembocaba en una pequeña terraza con su respectivo balcón desde la cual se podía apreciar la piscina del hotel y la vegetación que la rodeaba. Una cortina y una puerta corrediza de vidrio completaban el marco. Estaba más que conforme con lo que me había tocado y brinqué sobre la cama rebotando sobre mi costado para luego quedar boca arriba y quedarme pensando en la anda por unos minutos. ¿Y mi familia? ¿Y los amigos? Que esperen pensé, y, quitándome los zapatos como pude me acomodé para dormir tal como estaba vestido. La noche estaba muy fresca y no tuve necesidad de cubrirme. Apagué las luces y quedé profundamente dormido.